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La educación como fundamento para el progreso

Los procesos económicos, políticos, y sociales a través de los cuales los países se han desarrollado son fenómenos ampliamente investigados en la economía y ciencia política. Durante décadas, una infinidad de autores han estudiado y escrito sobre estos fenómenos desde distintas perspectivas y disciplinas, aportado y enriquecido la discusión. Gracias a esto podríamos señalar que –hoy en día– se posee una noción generalizada sobre las condiciones mínimas necesarias para que un país pueda propiciar su desarrollo.

Atrás quedo el eterno debate ideológico entre la URSS y los EUA, aunque para algunos esto aún existe, y así lo hace ver Fukuyama1 cuando señala el triunfo de la democracia liberal por sobre el bloque comunista y el término de la lucha ideológica, lo cual, para él, inspirándose en Hegel, determina el fin de la historia.

Hoy en día, a pesar de la aceptación generalizada de una democracia liberal como modelo, aún nos encontramos con países en notable estado de subdesarrollo, países que se des-desarrollan (como Argentina), y países evidentemente estancados en conflictos (como los sudafricanos).

Siguiendo la línea del porqué ciertos países bajo regímenes políticos considerados como democracias liberales obtienen resultados tan distintos, Acemoglu y Robinson2 señalan que existen dos condiciones necesarias para que un país se desarrolle. En primer lugar, se necesita de instituciones políticas inclusivas, es decir, de un sistema político representativo que permita la participación de la ciudadanía; de cierta forma podríamos considerar las diferentes libertades y derechos políticos expresados en la Poliarquía de Dahl3 como una de las instituciones políticas inclusivas. En segundo lugar, se expresa la necesidad de instituciones económicas inclusivas; con esto, los autores se refieren principalmente a la existencia de la propiedad privada –junto con la capacidad del estado de resguardar esta propiedad– y la posibilidad de intercambiar bienes y servicios entre ciudadanos libres. Considerando a estas como las condiciones necesarias para el desarrollo, los autores echan por tierra la hipótesis de la cultura o la raza que fueron utilizadas décadas atrás. Es la sinergia de las instituciones políticas y económicamente inclusivas lo que forma lo que se denomina el Círculo Virtuoso y que paulatinamente genera desarrollo.

Entonces ¿por qué Chile, a pesar de tener ambas condiciones desde hace más de 30 años, aún no es un país desarrollado?

Nuestro país ha crecido tremendamente en los últimos 30 años en comparación a otros latinoamericanos (French-Davis, 1999). Es una excepcionalidad; sin embargo, aún alberga ciertos desequilibrios macroeconómicos. La desigualdad en Chile es una de las más altas de Latinoamérica y es comparable a la de los países sudafricanos. Esta desigualdad siempre ha existido y en épocas anteriores era aún más brutal, pero hoy en día, en una democracia liberal, es necesario considerarla como un indicador macroeconómico relevante para que los gobiernos generen políticas públicas que la disminuyan, ya que esta, a largo plazo, afectara la estabilidad y la legitimidad de los sistemas (Stiglitz, 2012). Considerando lo anterior, es necesario disminuir la desigualdad del sistema económico, pero sin afectar las condiciones necesarias para el desarrollo (mencionadas anteriormente).

Como respuesta a esta problemática, Ha-Joon Chang4 ha señalado que la inversión en el capital humano es el motor para el desarrollo de un país y el método más eficiente para reducir la desigualdad. También ha sostenido que la educación es la principal fuente de inversión en capital humano especializado, pero que cuando el sistema educacional de un país está segregado y es incapaz de dar oportunidades a la población, es necesario reformularlo5.

Definitivamente, la educación es una inversión a largo plazo, no un bien de consumo que se extingue inmediatamente después de usarlo. Es un servicio que posee una gran valor; entonces, el problema no es la discusión sobre si es un derecho o no, sino radica en que el acceso a la educación de calidad es altamente restrictivo y un alto porcentaje de la sociedad no puede acceder a esta.

Por lo tanto, el individuo –como sujeto económico– no posee libertad de elección, ya que si no se poseen los recursos para acceder a una educación de calidad, el individuo no podrá desarrollar sus habilidades. Visto de esta forma, un acercamiento a la solución sería nivelar la calidad de la educación pública con la privada, con el objetivo de que –en última instancia– exista un mercado educacional competitivo.

Esta competencia es la herramienta más útil del mercado. Esta es la fundamentación de la educación y la inversión en capital humano como un motor de progreso.


Bibliografía

  1. Fukuyama, F. (1992). El fin de la historia y el último hombre (No. 320 F9619 Ej. 2 002722). Planeta.
  2. Acemoglu, D., & Robinson, J. A. (2012). Why nations fail: The origins of power, prosperity, and poverty. Currency.
  3. “La libertad de asociación y organización; la libertad de pensamiento y expresión; el derecho de sufragio activo y pasivo; el derecho a competir por el apoyo electoral; las fuentes alternativas de información accesible; las elecciones periódicas, libres, y justas que produzcan mandatos limitados; la existencia de instituciones que controlen y hagan depender las políticas gubernamentales del voto y de otras expresiones de preferencias”. Dahl, R. (1971). La poliarquía. Participación y oposición.
  4. Chang, H. J. (2015). Economía para el 99% de la población. Debate.
  5. Canales, A. (2016). Diferencias socioeconómicas en la postulación a las universidades chilenas: el rol de factores académicos y no académicos. Calidad en la Educación, (44), 129-157.

Elaborado por Carlos Zirotti, Cientista Político y Magíster en Gobierno y Asuntos Públicos; ambos grados de la Universidad Católica de Temuco. Actualmente trabaja en el Fondo de Solidaridad e Inversión Social y se especializa en las áreas relacionadas con partidos políticos, sistemas electorales, teoría de la democracia, procesos de democratización, y desarrollo económico.

Revisado por Sebastian Zambrano.